Los niños y adolescentes también atraviesan procesos de duelo, aunque su forma de expresarlo puede ser diferente a la de los adultos.
La pérdida de un ser querido, la separación de los padres o cambios importantes en la estructura familiar pueden generar emociones intensas que necesitan ser comprendidas y acompañadas.
En estos casos, el trabajo terapéutico se centra en ayudar al menor a expresar lo que siente, comprender la situación y adaptarse emocionalmente al cambio, ofreciendo también apoyo y orientación a la familia.
El objetivo es favorecer una elaboración saludable del proceso, evitando que el malestar emocional se mantenga en el tiempo o se exprese de forma desadaptativa.